
Una boda con el mar de testigo.
Para celebraciones íntimas de hasta diez personas: una ceremonia distinta, un sí frente a la costa o el primer brindis de una nueva etapa, lejos de las prisas.
Alquilar Mojito no es reservar un barco: es abrir una puerta. La misma cubierta que hoy es el escenario de una boda, mañana es el salón de una reunión de amigos, la habitación con mejores vistas de un viaje en familia o el sitio donde no hay nada que hacer salvo mirar el mar. El velero lo ponemos nosotros. La experiencia la decides tú.

Para celebraciones íntimas de hasta diez personas: una ceremonia distinta, un sí frente a la costa o el primer brindis de una nueva etapa, lejos de las prisas.

Los niños descubriendo el mar, los mayores con tiempo por delante y nadie pendiente del reloj. Días en los que el barco es la casa y el horizonte, el patio.

Esa idea que lleváis años aplazando. Reunir a la gente de siempre, soltar amarras y dejar que el viaje haga el resto.

Para dos. Una puesta de sol sin público, una cena meciéndose y el silencio que solo se encuentra mar adentro.

Atracar es otra forma de viajar. Desde la costa del Levante hasta las Islas Baleares, hay pueblos marineros, calas con historia y mesas donde se come mirando al puerto.

Navegar, tirarse al agua, ponerse el snorkel y descubrir lo que vive bajo la superficie. El Mediterráneo no es solo un color bonito: es un ecosistema que se deja visitar si sabes mirar.
¿Tienes algo en mente? Cuéntanoslo. Cada salida es distinta, y lo que mejor se nos da es ayudarte a darle forma a la tuya.